divendres, 15 d’abril de 2011

Miles Davis

Hablar de Miles Davis no es fácil. Mejor. Pese al tópico, diré que "mi primera vez" con Kind of Blue fue hace ya 19 años, y siempre, más pronto que tarde, recurro a su embrujo. Es un disco extraordinario, sugerente, elegante, con el que se inaugura el jazz modal (manera de tocar jazz en que se cambia la sonoridad a partir de notas diferentes de una misma escala). A la divina trompeta de Miles le acompañan mi "amor" al piano, Bill Evans (excepto en "Freedie Freeloader", donde toca Wynton Kelly), y dos colosos en los saxos: "Bola de Cañon" Adderley al saxo alto, y John Coltrane al saxo tenor. Y junto a ellos el no menos espectacular Paul Chambers al bajo, y Jimmy Cobb a la bateria. Casi nada. Muchos dicen que este es un disco más de Bill Evans que de Miles Davis. Creo que existe una cierta polémica o debate a este respecto. Hay quien dice que Miles fue un interesado, una especie de sanguijuela, y que se juntó con grandes músicos en diferentes instantes para apropiarse cual vampiro de su música. En fin, que cada uno piense lo que quiera. A mí que me dejen las notas de su trompeta, especialmente cuando toca con su especial sordina. Mmmm. Miles, aparte de un notable músico, fue un gran -y sobre todo- aglutinador de talentos a su alrededor. En sus grabaciones predomina a menudo la presencia destacada de diferentes solistas que aportan sus temas, pero Davis lo conjunta y embruja todo y hace de las sesiones un todo orgánico. Ahí radica su genio. No acabaría nunca de hablar de Miles y menos de Kind of Blue. Y tampoco de su inmensa discografía, colosal. La poseo en su mayoría, una burrada. ¡Qué grande era Miles! Amén.